Orilla de piedras. Castañeo. Azul y mar se confunden con horizonte y cielo. El Vancouver Ferry entre bolicheras y botes a vela. Nombres como Mary Ann o Catherine adornan proas que llegada la tarde anuncian el fin de jornadas de pesca y salmones. En tierra firme las ostras, ostiones y langostinos se sirven al vapor de cerveza; el salmón muchas veces ahumado y la carne de venado en guiso. El restaurante Cornerhouse siempre tan casual como sus asientos de vinilo. Llegando a la esquina un dispensador de The Seattle Times aguarda solitario. Con el viento de cómplice, el sonido de ferias y carruseles de caballos blancos resulta inconfundible. Tanto como la inmensidad verde del Olympic Nacional Park. Ahí, entre bosques y bayas salvajes los caminantes en la ladera del río deciden tomar un reparador té sobre el césped. Un letrero informa,“Port Angeles. Population: 18,397″. Hogar de Raymond Carver, fuente de matices pop para sus relatos y celebración eterna en sus poemas.





