Nunca tan fiel al sentimiento clandestino de una ciudad: cielo serio y sin respuestas, ladrillos que sólo parecen ocultar los últimos acopios de carbón, gente incapaz de vestir gamas de colores diferentes al gris reflejada sobre las aceras y en donde hablar de la primera gota de lluvia es hablar de toda la lluvia. Para acercarnos a eso sólo hay uno: Morrisey. Después de todo, la ‘M’ de Manchester le pertenece.




