Además del fútbol y el pub crawling, hay dos cosas que me transportan a cuando vivía en el noroeste de Inglaterra: el té y la cerveza tipo Ale. Sobre el primero, puedo decir que me acostumbré a tomarlo con un chorrito de leche y sin azúcar. Es casi imposible que lo tome de otra forma, con mayor razón si es de Harrogate (sigo cuidando como oro la caja de Yorkshire Tea que me trajo un buen amigo que vive en las afueras de Londres).
Me gusta probar nuevos sabores, sin perjuicios y con los límites que nuestra cultura occidental enseña a nuestro paladar. Antes de viajar al Reino Unido, yo asociaba la cerveza con cooler, playa, ropa de baño, arena, mar, sonido de olas, canchita salada, mesas de madera, risas, lentes de sol, tangas, tabla hawaiiana. Mi cerebro relacionada los términos bar, barra, noche, baile y otras palabras afines a whisky o vodka (alguna vez, ron también). Todo esto cambió después de vivir en Manchester.
Si algo aprendí en la isla británica -además de lo que me dejó la maestría- fue apreciar el sabor de una cerveza con cuerpo, con complejos sabores a frutas, resemblanzas a manzana, pera, piña y ciruela. La Ale es un claro ejemplo. Nunca olvidaré los cientos de pints de Boddingtons (cerveza tipo Bitter, tambien conocido como Pale Ale) que tomé compartiendo experiencias académicas en el bar de la universidad o viendo partidos de la Premier League en alguna taverna britaniquísima. Descubrí también la cremosa textura de una Stout, el alma de Irlanda en cuanto a cervezas se trata, elegancia fusionada de color y sabor.
Hace unos días, un gran amigo, complice de mis aventuras de whiskies y delicatessen, me habló de unas cervezas inglesas que una cadena de supermercados estaba importando desde hace poco tiempo. Después de envidiarlo por unos instantes (mientras hablábamos, no ocultaba su éxtasis por el sabor de la cerveza que tenía en su mano, heladita y acaramelada) y sin pensarlo mucho, salí de compras no planeadas pero con mucho impulso emotivo.
Llevo ya varias incursiones por el mismo supermercado, con la única intención de reabastecer mi stock de cerveza inglesa Strong Ale. Es uno de los mejores recuerdos que tengo de Manchester y mi experiencia británica. Y me alegra recordarlo ahora, justo cuando una inteligente empresa decide comercializar lo mejor que hay en cervezas en el mundo.
Cheers mate!!!
Nota: Aunque no es inglesa, la Sam Adams Boston Lager es mi cerveza favorita en Estados Unidos. Un amigo inglés me dijo que le parecía muy dulce; a mí me pareció menos amarga que una Boddingtons, pero con un sabor a frutas y caramelo único.







