Evitar los lugares comunes al escribir es difícil. Dominarlos y manejarlos de manera traviesa lo es aún más. Un típico lugar común sería decir “pálido como la muerte”, algo que no entusiasma por su creatividad en lo absoluto. Sin embargo un lugar común trabajado de “mala fe”, como lo llama el notable cuentista y poeta uruguayo Horacio Quiroga en su Manual del perfecto cuentista, sería algo así como “al ver perfectamente viva a la novia, palideció hasta la muerte”.
Hace unos días fui a una comida en la casa de los padres de unos grandes amigos. Uno de ellos, un muy buen artista que trabaja bajo el pseudónimo Hash, tiene su taller ahí, en un segundo piso. Subí con él y me enseñó sus obras. Una de ellas -impactante por cierto- la había pintado para una exposición en la embajada de Francia bajo la temática de poemas dedicados a los niños. El que le correspondió interpretar y plasmar en un cuadro fue el siguiente:
Un enfant si charmant Un niño tan encantador
C’était un petit enfant, Era un niño,
qui était charmant, que era encantador,
il aidait tout le monde, ayudaba a todo el mundo,
pour faire changer le monde… para hacer cambiar el mundo…
Il voulait une planète bleu, Él quería un planeta azul,
comme dans les rêves heureux, como en los felices sueños,
c’était un rêve d’enfant, era un sueño de niño,
qui était charmant… que era encantador…
Un enfant qui voulait une utopie, Un niño que quería una utopía,
la plus belle vie, la más bella vida,
il voulait un monde sans guerre, él quería un mundo sin guerra,
et avec que des rêves… y con sólo sueños…
Un monde où l’amour Un mundo donde el amor
se traduit avec toujours, se traduce para siempre,
où l’amitié, donde la amistad,
est tant appréciée… es tan apreciada…
Olivier O.
Una fácil interpretación del poema, con muchos lugares comúnes de “buena fe” hubiese sido la de la foto al inicio de este post. Hash sin embargo trabajó una interpretación de ”mala fe”, como las que tienen mayor valor cuando de arte y expresión se trata.
Ver a continuación la interpretación de Hash.


Esta mañana me desperté con un tremendo dolor de espalda. Mis hombros y músculos lumbares aún quieren enrollarse y mi cuello desaparecer como el de una tortuga.





