Como si fuera una obligación hoy vuelvo a la costumbre de escribir con la esperanza de que se convierta -nuevamente- en una naturaleza viva. En parte de mi y de mis personajes y objetos. Ficción, historia, diarios, pensamientos o algún ejercicio para soltar los dedos sobre las teclas de mi computador.
Pienso en técnicas de narrativa o en algún cuento inspirador y se me viene a la cabeza alguno de Carver o la historia de ’Bullet Park’ de Cheever. Inclusive busco un haz de luz en la novelas gráficas que pueblan mi librero y acompañan la fotografía de mi padre delante de un carrusel en Europa en la que su mirada entiende que este momento iba a llegar. Ahora su sonrisa para una carcajada y casi siento su palmada sobre mi espalda.
Hoy mientras almorzaba en algún lugar de Barranco (una hamburguesa de cordero que parecía haber sido ordeñada) pensé que podría recordar todos los lugares donde había pasado al menos cuatro o cinco meses de mi vida. ¿Por qué? Sigo pensando lo que impulsó ese recuerdo y como terminé publicando una nota en www.oneword.com que decía: ”I´ve lived in many different places around the world and still can remember every single corner of all of them. Until when? I don´t know!”
Todo quizá por una rubia, o varias, o por una en particular. O sencillamente por una absoluta y fingida distracción.







